Bosquejos

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domingo 29 de enero de 2012

La única verdad absoluta

Os proporcionaré el mayor de los castigos, os regalaré tiempo.
Lo gastareis despindiéndoos de los que menos tuvieron
malgastándolo recordándolo en vuestra soledad
y el terminará con vosotros
sin excepción
alguna.

domingo 18 de diciembre de 2011

Despertares

Cuando desperté esta mañana, un tufo nauseabundo impregnaba la habitación. Curiosamete el cuarto donde pasaba la mayoría de las horas del día ya no me parecía familiar. Nada había cambiado, todo estaba en su correcto lugar, era aquel horrible olor. Salí de entre el remolino de mantas y edredones y comprobé que el hedor era aún más intenso. Comencé a olisquear a mi alrededor para intentar comprobar de donde procedía ese olor tan misterioso mientras intentaba contener que mi poco contenido estomacal saliera eyectado contra el suelo. Debajo de la cama, dentro de los armarios, en la ventana, pareciera que aquella peste vomitiva estuviera en todos lados.

Me sentí nervioso, como si sospechara vagamente de donde podía provenir, quise quitarme la idea de mi cabeza y sali presuroso de mi habitación la cual ya me resultaba ajena. Al abrir la puerta comprobé dos cosas, más allá del marco de la misma solo permanecía la nada, tan solo el cero absoluto pululaba aquello que ni siquiera era espacio ni tiempo. El segundo aspecto era el terrible estado de descomposición en la que se hayaba mi cuerpo. Al igual que al despertar, olvidé todos mis sueños recientes e inmediatamente recordé cual era mi situación real.

martes 29 de marzo de 2011

Tres horas

Tres horas tarde, tres horas que hubieran cambiado el rumbo de la historia de la humanidad por efecto mariposa. Pero llegué tarde, muy tarde, tan tarde que incluso olvidé la razón por la cual tenía que acudir. Permanezco anclado en el mismo día, a pesar de verme más viejo de lo que soy. Sé que tan solo por tres horas todo hubiera sido distinto, nada hubiera sido lo mismo, lo sé, lo sé. Todas las noches, acurrucado entre litros de sudor y urea sueño con la impotencia de no haber podido llegar antes. Intento con todas mis fuerzas recordar porque pasó y que fue lo que perdí. Es terrible pero cierto, pero más terrible si cabe,... es que empiezo a intuir que lo que perdí realmente fue... fue mi propia memoria.

jueves 6 de enero de 2011

Última parada

Sabes que te estás muriendo cuando todo cobra sentido al fin, como en los sueños. Cuando realmente entiendes que avanzar hacia delante es lo mismo que mostrar tu cariño a la que siempre ha caminado contigo hacia atrás. Cuando el rojo suena a fa menor y los límites del espacio de tu cama son al mismo tiempo Eritrea y un fermión. Puedes notar en tus entrañas como late tu vejiga y eres incapaz de aguantar la orina, rancia y espumosa, que se escapa como tu vida. Es el miedo atroz, primigenio y salvaje, es ahora cuando te sientes mas humano que nunca, solo, perdido sin posibilidad alguna de retorno. Como se evapora el tiempo. No merece la pena gritar, sabes que vas a partir solo pero nunca te habías planteado que sucedería en este instante, ni siquiera hiciste las maletas para el viaje más famoso y menos esperado de la historia.

Nunca es ahora y siempre es ayer, no llores y manten la calma, es la hora de cambiarlo todo por la nada.

domingo 12 de septiembre de 2010

Rumbo a Odessa

Ya habiendo aterrizado con aquel viejo MIG-29 en los melancólicos parajes de Odessa, me encaminé a esclarecer mis ideas con algo de arte conceptual. Las pantallas de aquel viejo bar, lleno de ojos cansados, me transportaron a tiempos olvidados de televisones analógicas y caracteres anacrónicos. El rostro de Gadafi se mostraba resplandeciente y juvenil mientras mi licuado de malta desaparecía por entre mi garganta, dejando olas de espuma en las orillas de mi baraba de dos días. Desaparecí en la costa de aquellas playas olvidadas por dos tercios de la humanidad, rumbo a mares de helio líquido, para olvidarme de mi cansada rutina y mi oprimente carcasa de carne vieja.

miércoles 21 de julio de 2010

Hasta siempre

Es duro cerrar la puerta tras de ti sabiendo que ya no volverás a entrar nunca más. Triste el cerrar el libro para siempre tras acabar de releer su última frase como queriendo agarrar futilmente lo ya sabido. Así como la última nota de un órgano cuando dejó de tocar por siempre la última canción de la Tierra. Que duro es despedirse de aquel rostro familiar desde el andén, al que ya nunca volverás a ver sonreir de manera cómplice. Son muchas las despedidas y muchas las que quedan aún. Cobra sentido la ley de vida, aunque ésta no esté escrita en soporte físico alguno, sólo en las memorias de las generaciones de humanos que vamos pululando sin aparente sentido objetivo, esta roca que algún día cesará de rotar estúpidamente.

D.E.P.

viernes 16 de julio de 2010

Apostando a perder con Caronte

Nunca más. Cuando se lee esto sin atisbo de atención o fuera de su contexto original queda vacuo y estúpido. Pero no podemos llegar a imaginar lo contundente e impactante que se tornan dichas palabras cuando dentro de una situación determinada se tornan realidad y nuestra mente capta todo el significado que dificilmente podemos asimilar debido a nuestro corto entendimiento.
Selectivo con el roce de otros humanos, le acaricié el hombro antes de partir, nunca antes había tenido un gesto así. Fue lo último que recordaría de mi. Solo un puto roce de mi huesuda mano con su famélico hombro. Como Pícara noté en su contacto el terror del fin y aún sigo sin dormir viviendo sus últimos estertores.
Solo me quedarán de él su sonrisa áurica, su orgullo, su ayuda incondicional y ese aliento a viejo, a antiguo,... a abuelo.
Hoy quizás te vea por última vez, atravesado por cables y metal. Pero tú no me verás a mi, ni siqueiras sospecharás mi presencia, porque aunque tu carcasa siga rezumando calor tú ya has partido a la nada...

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